Artículo de opinión – Eduardo Martínez Fuster
Cuando la política consigue que tengamos más miedo al futuro que a los problemas del presente.
Hay algo que llevo tiempo observando y que, sinceramente, cada vez me preocupa más. Nos hemos acostumbrado a vivir en una sociedad en la que resulta mucho más sencillo ponerse en contra de algo que dedicar un poco de tiempo a comprenderlo. Una sociedad en la que un titular, una pancarta o un discurso convenientemente adornado pueden llegar a tener más fuerza que cualquier explicación técnica.
Y lo peor es que hemos terminado aceptándolo como algo normal.
Estos días, leyendo la noticia sobre el juicio relacionado con la futura planta de biogás de Colmenar Viejo, he vuelto a tener esa sensación. La de estar asistiendo a uno de esos debates en los que corremos el riesgo de perder de vista lo verdaderamente importante mientras discutimos sobre quién tiene razón, quién se apunta una victoria política o quién consigue movilizar a más personas en contra de un proyecto.
Voy a decirlo desde el principio, para que no haya dudas: yo estoy a favor de las plantas de biogás. And considero que Colmenar Viejo debería estudiar seriamente la oportunidad que representa contar con una instalación de estas características.
Y lo estoy no porque me lo diga un partido político, ni porque tenga especial interés en defender a una empresa, ni mucho menos porque considere que cualquier proyecto empresarial deba aprobarse sin más.
Estoy a favor porque creo en el progreso, en la innovación, en la economía circular y, sobre todo, porque considero que tenemos la obligación de buscar soluciones reales a problemas reales.
Y los residuos son uno de esos problemas.
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